Mi forma de despedirte


Siendo un pibe de 17 años entiendo la misión que tenemos como la primera generación transmisora del legado del 10 sin haberlo atestiguado.


Nunca te vi jugar, sinceramente, no tuve esa suerte que tantos y tantos contemporáneos a vos tuvieron. No vi más que ese partido contra Brasil y esos 6 minutos contra Inglaterra cuando de adentro tuyo, salieron las dos pinceladas que más alegrías le dieron a los argentinos en los últimos años.

Con el poco tiempo que llevo de vida y de hincha del fútbol, comprendí que no necesito haberte visto jugar para estremecerme con cada gol, con cada gambeta, y con cada foto tuya cerca de una pelota, ni haber presenciado tus goles para generarme un sentido de pertenencia con este país como nadie más lo hizo.

Creo que ahí radica tu magia, en ser el mito que los argentinos necesitamos, y que necesitaba la gente en el momento que no había en que creer durante aquel Mundial donde no me van a engañar con que el equipo que te tuviera era campeón, porque sos lo más argentino que existe.

Fijate si no van a festejar tu muerte, si se habla de vos y de tu fútbol todos los días y te retiraste hace más de 20 años.

Sos el último prócer que el país haya tenido. Para serlo, no es necesario ser una deidad, sino haber sido un humano. Los humanos se equivocan, y afuera de la cancha decidiste hacerlo cada vez que pudiste, pero cuando alguien, desde el chico más inocente, hasta la persona que vio cada partido que jugaste, verá tu nombre en una calle o en un mural y en sus ojos aparecerá el brillo que aquel sol azteca te iluminó cuando levantaste la copa hasta el cielo. Como hincha del fútbol,  muchas gracias señor 10.

Por Santiago Stekolschik

Tw: @santichekoo