Momento Mundialista: La condena de Barbosa.

La otra cara de la moneda: Barbosa y el maracanazo.


El remate cruzado del uruguayo Alcides Chiggia no parecía inatajable para nadie, y mucho menos para Moacir Barbosa Nascimento, el notable arquero de la selección brasileña de 1950.  Pero esa pelota venenosa, endiablada, rozó sus dedos y se metió. Gol.

"Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuche el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí", contó. Dos a uno. Uruguay campeón del mundo. Doscientas mil personas preparadas para la celebración se paralizaron de incredulidad, Barbosa nunca fue perdonado.

Durante las eliminatorias previas al mundial de Estados Unidos 94, quiso dar aliento a los jugadores de la selección brasileña y fue a visitarlos a la concentración, pero los dirigentes le cerraron la puerta en la cara. "No vaya a ser que nos traiga mala suerte", argumentaron.

Barbosa vivía de favor en casa de una cuñada, sin más ingresos que una jubilación miserable. En una ocasión dijo: "En Brasil, la pena máxima por un crimen es de 30 años de cárcel. Hace 43 años que yo pago por un crimen que no cometí".

Falleció el 8 de Abril de 2000 a los 79 años, víctima de un derrame cerebral. Murió pobre, olvidado, humillado, despedido por un grupo mínimo de personas. "Fue la segunda y definitiva muerte de Moacir Barbosa", escribió el mexicano Juan Villoro. 

Hecho por: Augusto Battocchio.
Twitter: @f9_augusto