Reflexión: Lo bueno se hizo esperar, lo mejor está por venir. El regreso de Vélez a las competiciones internacionales.

Reflexión: Lo bueno se hizo esperar, lo mejor está por venir. El regreso de Vélez a las competiciones internacionales.


Una decisión política incorrecta. Un proyecto deportivo que no prosperó. Ciclos cumplidos. Carreras que sufrieron un punto final. Muy extensa es la cadena de acontecimientos que llevaron al club modelo y rankeado como el 3° mejor del mundo por IFFHS de comienzos de la segunda década del siglo XXI, a una institución devastada económica y futbolísticamente como lo fue Vélez Sarsfield pocos años después.

Con Ricardo Gareca al mando, se logró un ciclo extraordinario: 4 títulos en 5 años, explotación de las divisiones inferiores con posteriores ventas millonarias, distinguidas participaciones  tanto en Copa Libertadores como en la Sudamericana, reconocimiento a nivel mundial, la constitución de varios planteles completamente diferentes que aún así tomaron  forma y se consagraron alcanzando la cima del fútbol argentino. En todos los años donde el "Tigre" dijo presente, el Fortín fue figura: 2009 (campeón), 2010 (subcampeón), 2011 (campeón), 2012 (campeón), 2013 (campeón). Cifras impactantes que reflejan el enorme laburo y posicionamiento de Vélez en la elite de Argentina en aquellos primeros años.

Tanto éxito tuvo la conducción de Ricardo Gareca, que tras su salida en busca de nuevos horizontes laborales, dejó a su sucesor, José Oscar Flores (ex Ayudante de Campo) en manos de una nueva final. En el primer partido oficial del año 2014, el "Turu" obtuvo la Supercopa Argentina, dándole al club su estrella número 16. Todo parecía bien encaminado para el flamante entrenador, pero la temprana eliminación por Copa Libertadores ante Nacional fue un golpe anímico muy duro para el plantel. Ese año, el Fortín tampoco tuvo grandes lucimientos en el torneo local, donde terminó en la mitad de la tabla y con una derrota de local ante San Lorenzo, que puso fin al irregular ciclo de Flores como DT.

Y fue este el momento donde en Vélez Sarsfield todo comenzó a ir de mal en peor. La salida de Lucas Pratto, emblema de aquellos últimos grupos de futbolistas, terminó por desjerarquizar al plantel, que quedó compuesto en su mayoría por juveniles del club. Se priorizó un proyecto que dejó de lado las inversiones en refuerzos y dándole más lugar a los chicos, el famoso "campeonato económico". Pra colmo, el nuevo entrenador Miguel Ángel Russo (que en su anterior paso por el club había obtenido un título) se encontró ante una cruda realidad: la necesidad de afrontar un torneo de 29 fechas sin muchos jugadores de experiencia y con chicos que habían disputado muy pocos partidos en primera, sin haber podido afianzarse. Aquel año 2015 fue clave para comprender por qué una institución de semejante magnitud y que venía de ganar 15 títulos en los últimos 21 años, pasó de pelear arriba a mirar la tabla de los promedios: terminó 27° de 30 equipos.

Ante un presente tan crítico, Russo se marchó del club y se le abrió las puertas a un ídolo del club, que había sido manager en aquellos años de gloria con Gareca a la cabeza: Christian Bassedas. Sin embargo, la medida política de no realizar grandes desembolsos de dinero en la incorporación de nuevos jugadores seguía en pie; y debió intentar espantar a los fantasmas con lo que encontró al retornar a la institución. Si bien en un principio el equipo mostró indicios de mejora, en su ciclo de 22 partidos obtuvo menos del 45% de los puntos, y sufrió también la actualidad general que atravesaba el club. Y allí se marchó, siendo aún el máximo ganador de la historia de Vélez como jugador y mánager, por no haber podido cambiar el rumbo de este camino difícil que se transitaba por Liniers.

Ya con una inmensidad de dudas y preocupaciones, desde la CD se llegó a un acuerdo con Omar de Felippe, que venía de hacer una buena campaña en el ascenso de Independiente. Bajo su conducción, si bien el rendimiento tampoco fue el esperado (el Fortín quedó a 3 puntos de la zona de descenso) se dio lugar y se potenció a muchos chicos que fueron la base del nuevo equipo que luego pondría de pie a la institución. Guiados por la figura de Mariano Pavone, artífice de la mitad de los goles en esas últimas campañas, juveniles como Santiago Cáseres, Matías Vargas, Nicolás Domínguez, Brian Cufré, Maxi Romero, entre otros... Muy criticado por  su campaña en puntos, dejó un sello clave para el futuro de la institución.

Tras una derrota de local ante Unión y faltando 4 fechas para el final de 2017, el entrenador dio un paso al costado y debió hacerse cargo del equipo el DT de Reserva, Marcelo Gómez, hasta la finalización del año. Si bien arrancó con el pie izquierdo (2 derrotas), obtuvo 3 puntos claves frente a Olimpo (una final directa) y un empate que pudo ser más ante Lanús, que terminaron de consolidar un grupo de jugadores, que ya venían con varios torneos encima.
Con la asunción de la nueva Comisión Directiva, Gabriel Heinze fue el elegido para volver a poner a Vélez de pie. Y no falló. Con el regreso de Mauro Zárate y una intensa pretemporada donde algunas de las promesas del club alcanzaron un nivel superlativo, el grupo pudo sacar  adelante la situación complicada que se vivía por las calles de Liniers y en una noche de lunes ante San Lorenzo, obtuvo el punto necesario para quedarse en Primera División. La oscura salida del ex ídolo de Vélez hermano del Roly, a Boca, fue un bajón anímico para el grupo, pero pudo recomponerse y hacer un gran torneo, logrando clasificar tras 6 años nuevamente a la Copa Sudamericana. Hoy, 2280 días después ni más ni menos y después de aquellos años tan sufridos por el hincha y empleados del club, el Fortín está a 1 día de volver al plano internacional Sudamericano. Mañana desde las 21:30 enfrentará al Aucas de Ecuador, ilusionándose con la posibilidad de recordar aquellos años de gloria. Volver a ser.